Hija de Dios – Hija del Hombre

El haber nacido en una familia cristiana católica, ha hecho posible que la figura de Jesús haya estado presente a lo largo de mi vida, así como la idea de un Dios Todopoderoso, Omnipresente, Padre que todo lo ve y Juez Supremo. Por contraste con este Dios que imaginaba lejano e inaccesible, tanto la historia como la figura de Jesús eran para mí cercanas y con un atractivo sin igual. A diferencia de aquellos héroes poderosos e invencibles que ganaban todas las batallas, Jesús era para mí el super anti-héroe que me enseñaba a aceptar las derrotas y me inspiraba sobre cómo iluminar mi ignorancia, la única manera que me permitiría ser verdaderamente responsable y a la vez compasiva conmigo.

Nadie mejor que Jesús para acompañarme y ayudarme a mantener mi corazón abierto en los momentos en los que la rabia puede llegar a contraerme, en esos instantes de indignación, dolor o tristeza en los que me siento negada o injustamente tratada. Jesús es uno de los mejores compañeros a la hora de rendirme, a la hora de aceptar que mi vida terrenal no tiene sentido si no la vivo consciente del ser divino y eterno que soy.

No tengo más que mirar a mi alrededor para darme cuenta que todos nos acordamos de Dios o de Jesús cuando hay algo en nuestra vida que nos hace sufrir.

Pero ¿qué ocurre cuando las cosas nos van bien, cuando estamos recolectando aplausos, sorteando exitosamente un obstáculo tras otro, cuando comienzan a llovernos toda clase de apoyos y oportunidades para expandirnos en el mundo? ¿Dónde queda entonces Jesús?

Es posible que si recurrimos al archivo de imágenes y creencias que tenemos a cerca de él, comience a parecernos un poco aburrido, que le vivamos incluso como una especie de corsé incómodo. Sí, es posible. Porque más allá de cualquier imagen que le represente, Jesús es una luz que enfoca el delirio, el desorden, la ambición y  la autocomplaciencia en que vivimos. Una luz poderosa que pone de manifiesto la prepotencia y la ignorancia, la ausencia del verdadero sentido de nuestra vida aquí, en la tierra.

Y es que evidentemente Jesús no es un traje de quita y pon. Alguien a quien recurrir  y suplicar en momentos difíciles y después dejar de lado cuando no interesa.

Jesús es una Luz y un Amor sin límites que vive dentro de nosotros. Es la consciencia a la que damos la espalda para poder vivir como nos da la gana.

Con lo cual, no deberíamos dejarle en la iglesia esperándonos hasta la próxima cita porque no es alguien cuya presencia y acción puede reducirse a los evangelios, las homilías y los rituales. Ahí lleva siglos, siendo proclamado y predicado mientras nuestro mundo sigue perdido sin su Verdadera Presencia. Jesús tiene muchos predicadores pero pocos ejemplos verdaderamente íntegros y responsables.

Me hubiera gustado sentirle de verdad en alguno de sus muchos representantes y seguidores, todos ellos humanos aspirantes pero sin la conexión con el fuego del alma que Jesús irradiaba. Muchas palabras y buenas intenciones, buenos propósitos y sacrificios que no lograron encender mi corazón.

De niña, mi inocencia era la autora en sacar de quicio a muchos de ellos, recibiendo por ello castigos desproporcionados y descargas abusivas. También he sido testigo de mucha hipocresía y de cómo la violencia se hacía presente a la mínima desobediencia de cualquier niño incómodo o inadaptado.

Siempre me he preguntado para qué el celibato, por qué tanta represión, tanta falta de naturalidad y transparencia. Para qué tanto rezo repetitivo y mecánico obligado, tanto vivirse sucio anhelando la santidad… Se nos recuerda con insistencia que somos hijos de Dios mientras brilla por su ausencia la evidencia de nuestra divinidad.

¿Qué pasaría si en lugar de tanto afirmar que somos pecadores se nos iniciara en cómo sostener consistentemente la conexión con nuestra alma y en cómo poder vivir  la Armonía y el Amor en nuestro cuerpo?. Esto es realmente lo que nos ayudaría a sentirnos hijos de Dios.

Jesús ayunaba y enseñaba a cuidar el cuerpo como algo necesario para poder ser receptáculos de esa Luz y ese Amor que él representaba y su presencia emanaba. Pero esa parte de sus enseñanzas se ha perdido, no interesa, no interesa iluminar nuestra relación con el verdadero autocuidado que lo incluye todo. No interesa enfocar hábitos y costumbres, cuestionar la tradición, el confort y la ignorancia en que vivimos.

Rescato a Jesús del lujo del Vaticano y también de la resignación a la pobreza en su nombre.

Le rescato de todos los rituales adormecidos y repetitivos que anestesian a las personas en lugar de despertarlas.

Le rescato del calvario, de la cruz…no puedo verle más tambalearse en las procesiones. Le reclamo vivo, resucitado de entre los muertos, encendiendo mi corazón y el de todos mis hermanos a lo largo de nuestros días y de nuestras noches. Le reclamo en mi vida diaria dándome el poder para ser auténtica, transparente, amorosa, para mostrarme tal cual soy.

El sólo hecho de escribir “Hija de Dios –  hija del hombre” me ordena y da sentido a mi vida.

Sentirme hija de Dios me hace merecedora del reino de los cielos, del conocimiento del orden y las leyes que rigen universos
y galaxias.

Sentirme hija de Dios me permite experimentar que jamás estoy sola, me recuerda que soy parte de una fuente inagotable de Amor y Sabiduría que me inspira y sostiene mi evolución aquí en la tierra.

Sentirme hija del hombre me hace vivirme humana, portadora de una herencia espiritual, emocional y genética con una única posibilidad de evolucionar: Recordar que antes de ser hija del hombre ya era UNA con Dios, con su Luz y su Gloria.

 

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Response (1)

  1. Alicia Gonzalez
    Abril 6, 2017 at 8:40 pm · Responder

    Acabo de leer los tres últimos artículos, son interesantes todos. El titulado “El arte de cuidar-se” me llega más a lo profundo. Para mí responde perfectamente al segundo gran mandamiento de Jesús de Nazaret ” Ama al prójimo COMO A TI MISMO”. Ese “cómo” presupone que tu ya te amas a ti mismo porque no puedes amar a otro sin amarte antes a ti. Esto puede haber sido mal interpretado durante siglos. Yo, en mi trato con muchas personas, he tenido que aclarar ese “mandato” porque reconozco que no es fácil aplicarlo por nuestros condicionamientos. Victoria, tenía que haber empezado por dirigirme a ti,saludarte y presentarme. Soy novata en el uso del ordenador y me cuesta este tipo de comunicación. Soy Alicia Gonzalez, Un abrazo.

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