El arte de cuidar-se

Todos y cada uno de nosotros, aparte de nuestra experiencia personal relacionada con la manera en que hemos sido cuidados,
hemos sido receptores de pautas, consejos y en algunos casos de una visión o herencia filosófica acerca de cómo cuidar.

Como heredera de una cultura judeo-cristiana y católica he sido portadora de ese virus que ha contagiado generación tras
generación con el ideal del “amor dispuesto al sacrificio”. Cuestionar esto es como mínimo atrevido, porque supone hacer tambalearse un edificio deslumbrante cuyos cimientos pretenden estar apoyados en la verdad.

El hecho de cuestionarlo me ha llevado a descubrir que, debajo del paraguas de ese amor sacrificial y heroico, se esconden un sin fin de expectativas, proyecciones, intereses, complicidades, dependencias, chantajes y deudas.

Todo menos Amor.

Juzgar de egoista el hecho de pensar en ti y cuidarte antes de iniciar cualquier actividad que implique cuidar de otros, es una adulteración de las enseñanzas de Jesus de Nazaret, quien vino a recordarnos que el amor al prójimo comienza por el amor a uno mismo.

Por ello, aquí estamos aún compartiendo el valle de las lágrimas, bien compitiendo por el mejor trozo de pastel, se trate de lo que se trate, bien sacrificándonos en nombre del “amor al prójimo.”

Observando la repercusión y las consecuencias que todo esto tiene en la salud y el bienestar de las personas, me he atrevido a
juzgar de equivocada esa manera tan idealizada de sacrificarse por los demás, esta manera de cuidar de los otros olvidándose de
uno mismo. La he juzgado de prepotente, de insana, y he reaccionado a ella, para luego llegar a descubrir que ese veneno había estado desde siempre en mí afectando cada una de mis elecciones.

Reconocer la falta de amor hacia mi misma y profundizar hasta llegar a su origen ha sido mi gran liberación. Para ello he necesitado iluminar con mucha honestidad todas las creencias que tenía acerca de mi propio cuidado, así como todas las trampas en que he caido a la hora de relacionarme con los demás.

El cuidado hacia mi misma y hacia los demás ha sido un tema central que me ha acompañado siempre, en todas mis etapas, evolucionando conmigo y afinándose hasta el día de hoy.

Recientemente he trabajado cuidando a una mujer enferma, asistiéndola en sus dos últimos meses de vida. Acaba de morir.

Lo que se me adjudicó como mi responsabilidad en este trabajo fue cumplir con el horario establecido y estar disponible durante éste para lo que ella necesitase. Se me requería para ayudarla en su higiene personal, preparar sus comidas, limpiar y ordenar.

Sin embargo, lo que yo considero mi responsabilidad consiste en preparar mi jornada desde el momento en que me despierto.

Esto puede tomar formas diferentes según el día y en cómo haya sido mi noche, pero lo verdaderamente importante es la cualidad de la energía en la que me preparo y hago todo lo que tengo que hacer hasta llegar a mi destino.

Investigar la manera de sostener la intimidad conmigo significa preparar mi cuerpo y cuidarlo con discernimiento y sabiduría para que realmente sea el vehículo de expresión de Amor que está destinado a ser.

Entonces cobra la máxima importancia el modo en que:

– Sostengo la intimidad con mi cuerpo.

– Registro mi estado físico y emocional después del tiempo del sueño.

– Detecto cuándo necesito volver a mí, aplicando una sencilla técnica de respiración que me ayuda a recuperar la armonía.

– El modo en que salgo de la cama y camino por la casa, observando la cualidad de la energía en la que me preparo y preparo todo lo que quiero llevarme.

– Cómo hago el tránsito desde mi espacio al mundo exterior, teniendo presente lo que siento y se me produce cada mañana al cerrar la puerta tras de mí y encontrarme ante un nuevo día que me sorprenderá, seguro, si yo lo permito.

– La manera en que camino hacia el coche conectada con mi cuerpo, consciente de cada movimiento: cómo lo abro, acomodo el equipaje, cómo conduzco; puedo hacerlo de manera automática pensando en lo que dejo, en lo que me espera…o bien estando presente, sosteniendo la cualidad de la delicadeza y la armonía.

– Cómo entro en el lugar de trabajo, sabiendo que cada día es una oportunidad de empezar de nuevo.

Comenzar el día dándome todo el apoyo que necesito con el fin de tener toda la energía disponible para servir a otros, es lo que llamo responsabilidad. Lo que se me pide que haga durante mi jornada laboral es simplemente una oportunidad de desplegar y
expresar, en las diferentes actividades, toda la consciencia y el amor presentes en cada momento.

Revisar y sostener la armonía desde que me despierto hasta la hora de irme a la cama es el mayor acto de amor hacia mi misma que conozco.

Atenderme la primera nace de haber descubierto que ni la intención, ni la voluntad son suficientes, que el esfuerzo y el sacrificio no tienen que ver con el amor.

El Amor es una energía, una vibración con una cualidad que para ofrecerla hay que vivirla y sostenerla.

Hoy puedo compartir lo mucho que he aprendido acerca del arte de cuidarme para cuidar, del arte de cuidarme mientras cuido.

Mi vida se ha convertido en un continuo practicar, ensayar y descubrir momento a momento el arte y la ciencia de vivir cuidando.

Hoy puedo celebrar haber aprendido que el arte de cuidar consiste en saber cuidarse a uno mismo, y que la expansión de ello
afortunadamente no tiene fin.

 

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Response (1)

  1. Alejandro Bielsa Mora
    Abril 3, 2017 at 9:20 am · Responder

    Muy interesante, edificante y casi diría educativo para uno mismo y para los demás, porque aprender podemos aprender todos los días.

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