De Madrugada

Hoy 31 de marzo de este 2020 me he despertado a las 4.00 con el impulso de volver a ponerme de nuevo en contacto con mi cuerpo, escucharlo y confiada entregarme a sus movimientos.

Como de costumbre, me despierta mi vejiga y tras unos instantes de reconectar con mi cuerpo me dirijo al baño y vuelvo a la cama para quedarme un ratito más en contacto conmigo, con lo que siento y me piensa nada más despertarme. Es el momento del día en el que estoy más afinada, más receptiva. Es la hora en la que no me cuesta nada ser absolutamente honesta conmigo misma, en la que tengo mucha claridad para contemplar mi vivir y ser compasiva con mi humanidad, aceptando los límites de estar ligada a un cuerpo para poder estar en la tierra y servir en este momento tan crucial.

Esta es la hora en la que experimento con absoluta consciencia que el espacio que me habita, me envuelve, me sostiene y me invita constantemente a expandirme, es puro Amor. Desde él todo lo relacionado con mi vida aquí como Victoria, que tanta importancia parece tener en el mundo temporal, se reduce y ocupa el lugar que le corresponde.
Es la hora en la que experimento más pureza, en la que mi vínculo con lo sagrado de la vida se me muestra claro y consistente. Es la hora del infinito, la hora del absoluto, la hora de la obediencia, de la quietud. Es la hora de Dios.

A mi alrededor todos duermen, el mundo entero está en reposo y yo encendida.
Sostenerme aquietada, vibrante y obediente a lo largo del día alimenta mi propósito de vida. Es la única manera que conozco de saborear el cielo en la tierra, de acercar el fuego del alma a mi humanidad y dejar de identificarme definitivamente con lo que no soy.

Hoy al volver del baño me he detenido obediente en la alfombra. Tras rendir mi voluntad y sentir el alineamiento que sucede a este hecho, mi cuerpo ha tomado las riendas, convirtiéndome en un testigo presencial de la iniciación. No puedo menos que compartir lo revelado a partir de este impulso, aparentemente irracional, que me ha llevado a mover mi cuerpo en el momento del día en el que experimento la mayor tensión, rigidez y anquilosamiento.
Puedo comprender que sea así, porque es también el momento del día en el que me siento más delicada, más vulnerable, más consciente.
Es la hora en la que los autoengaños, las excusas y justificaciones carecen de credibilidad, la hora en la que el compromiso con mi cuerpo se hace inminente. En esos momentos no me cabe ninguna dudad  de que en un cuerpo dolorido, desequilibrado, abotargado o anestesiado con fármacos, vivir en plenitud o es un puro anhelo o una mera ilusión de nuestra mente.

Sin embargo, en un cuerpo que ha renunciado al liderazgo de la mente, que se mueve obediente respetando las leyes, los ciclos … En un cuerpo que se da permiso para experimentar la fragilidad, la sensibilidad, la ternura,… que elige vivir en armonía, permitiendo que en cada uno de sus movimientos  la tierra  se comunique con las estrellas,… el reino de los cielos se manifiesta  desplegando el  plan que Dios tiene para la tierra.

Ahora, más que nunca, se nos pide vivir alineados, conscientes de la cualidad de cada uno de nuestros movimientos. Se nos pide rendir nuestra voluntad individual para que nuestros cuerpos puedan vivir en obediencia al orden divino, disfrutando de co-crear, permitiendo que el Amor se manifieste en y a través de nosotros.

Esta mañana mi cuerpo me enseñaba cómo a través de pequeños ajustes podía crear espacio dentro de mí, espacio entre mis átomos, mis células, mis tejidos, llevándome así al equilibrio, la armonía, la expansión.

Hoy inicio una etapa en la que le doy a mi cuerpo las riendas de mi vida, mientras yo soy Presencia que custodia la armonía, impidiendo que ninguna otra fuerza impulsada o invitada por cualquier pensamiento, me ocupe y me contraiga.
Hoy es para mí el final de un ciclo 7, vivido con mucha consciencia y mucha sanación. He liberado  mucho dolor  a través del cuerpo y con él también me he liberado de mucha ilusión.

Ayer, al despertar seguía muy en contacto con ese espacio interior al que me rindo cada noche y en el que me regenero y preparo para el día siguiente. Necesito profundizar en todo lo vivido, porque ha dejado una huella imborrable en mi cuerpo que me lleva a asumirme todavía más, confirmando la responsabilidad que tenemos de traer el cielo a la tierra a través de la cualidad de cada uno de nuestros rituales diarios.

Hoy, víspera del inicio de mi ciclo 8, me siento con una alegría nueva, basada en la necesidad de profundizar  discernir aún más  la procedencia de mis impulsos y movimientos  para  asegurarme que  el fuego del alma pueda manifestarse más y más en mí para todos.

 

 

 

Response (1)

  1. Isabel
    Abril 11, 2020 at 10:31 am · Responder

    Pura inspiración y verdad.
    Gracias Victoria por compartir lo que vives con tanta generosidad.

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