De los arquetipos femeninos a la mujer que soy

La mujer que soy hoy dista mucho de la mujer que he creído ser a lo largo de mi vida. Recuerdo un tiempo en que exploraba mi entorno de manera más o menos consciente buscando un modelo de figura femenina con el cual identificarme. La primera fue mi madre, que pasó de ser mi todo a ir siendo progresivamente cuestionada y comparada con el resto de las mujeres de mi numerosa familia. Después el círculo se iba ampliando incluyendo profesoras, maestras, escritoras, artistas, mujeres de otros países y culturas. Me era fácil identificarme con aspectos que me atraían de unas y otras, pero cuando lo hacía, no tardaba en volver a sentirme insatisfecha y desubicada sin entender muy bien lo que me ocurría.

A mis treinta, estimulada por el libro de la nueva era  “las diosas de cada mujer”, comencé a identificar mi relación con los diferentes arquetipos femeninos representados por las diosas griegas y aunque desde mi sentir me parecían todas limitadas, me atraía la idea de utilizarlas como fuente de inspiración en la creencia de que ampliaban mi horizonte y me enriquecían. Pero la realidad fue que dentro de mí había cada vez más voces defendiendo sus gustos e intereses particulares. Los modelos que encontré en el mundo y la conexión con la realidad arquetípica, no hicieron más que generarme contradicciones y nunca me devolvieron a mi.

No puedo pasar por alto la rabia y la tristeza  que sentí el día que fui consciente de haberme traicionado al vivir desconectada de mí, en un vano intento que, más que encajar en las corrientes de mi tiempo, lo que pretendía era encontrar una definición personal mediante la exploración de una variedad de arquetipos femeninos que nunca me iban a reconectar con la MUJER que en verdad soy.

Es curioso cómo lo que se presentó como una medicina pudo llegar a enfermarme, lo que me llegó cómo una solución, pudo llegar a alejarme más de mi hasta hacerme perder la conexión con la única referencia  verdadera para mi vida.
Descubrí la meditación como la manera de volver a mi, a mi corazón y tomar distancia de todo ese ruido mental.

La meditación y la intención clara de encontrar el centro de ese mandala que configuraba mi mundo, fue el primer paso hacia mi liberación.

Poner consciencia en cómo respiro es sin lugar a dudas la vía más sencilla para volver a mi, a mi centro, a mi delicadeza, a mi exquisitez.

Volver a mí en cualquier momento del día en el que puedo haberme involucrado en esto o lo otro; volver para identificar dónde estoy y lo que estoy emanando.

Volver a mi y contemplar cómo en conexión con mi alma
mi mundo se ordena y  puedo sentir con claridad lo que mi cuerpo verdaderamente necesita.

Volver a mi, a ese espacio de quietud y lucidez desde el que elijo tomar decisiones.

El amor es entonces mi fuente de suministro y no encuentro poder, inspiración y sabiduría mayor.

Vivir y crear inspirada por mi mente, sus ideales y arquetipos me ha dejado siempre vacía y en cierta manera temerosa.
Vivir y crear en comunión con mi alma es lo más divino que he experimentado desde mi experiencia humana.

La mujer que soy se renueva y se expresa aprovechando cada situación, cada circunstancia que me trae el nuevo día.

La mujer que soy se va abriendo paso en medio de viejos laberintos mentales y dramas emocionales que un día creó en complicidad con la mente.

La mujer que soy es un proyecto Divino que se va purificando porque un día dije SI y lo sigo sosteniendo.

 

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Response (1)

  1. Ramon Gil
    Abril 23, 2017 at 7:49 am · Responder

    Volver a mí, a ese espacio de quietud y lucicez desde el que elijo tomar decisiones. Y es que realmente no hay otro camino más que el de vuelta. Gracias por sostener la luz que lo indica con tu palabra y tu ejemplo.

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