Apreciando mi vida.

Apreciando mi vida

Me cuesta poner en palabras cuánto aprecio la vida por el mero hecho de estar presente en ella sintiéndome protagonista y a la vez testigo de mi vivir.

Es tanto lo que percibo allá donde pongo mi atención, que hoy puedo entender la necesidad que he tenido siempre de desconectarme de mi cuerpo para escapar de la conmoción que me produce sentir tanto. Mantener mi mirada inocente desde una actitud abierta y receptiva, ha sido a menudo sinónimo de inminente colapso, de ser inundada por una catarata de señales cognitivas a través de la estrecha relación que cada pequeño detalle tiene con la totalidad.

Hubo un tiempo en el que algo sencillo como tumbarme a mirar las estrellas o sentarme en medio de un bosque contemplando y sintiendo todo lo que me rodeaba, podía llevarme a trepidar. He tenido dificultad para contenerme ante la perplejidad, el desconcierto, el asombro, la belleza; ante la revelación de un misterio o ante la confirmación de la existencia de una co-relación real entre mundos y dimensiones.

No sé cuándo hice la elección de reducirme en un intento de encajar por no saber cómo vivir en un mundo que ha perdido el contacto con lo verdaderamente sagrado de la vida. Lo que sé es que no resultó.

Hoy vuelvo a apreciar la luz y la precisión que Serge Benhayon ha traído y sigue trayendo a mi vida, así como mi anhelo de verdad que ha sido el combustible que me ha llevado a explorar y descartar ilusiones.

Valoro todas las elecciones que hago a lo largo del día para sostener con consistencia la conexión que me alinea, me centra y me permite ser consciente de todo lo que vivo.

Aprecio la manera en la que voy descubriendo y ensayando cómo permanecer serena ante el milagro de la vida, lo que me lleva a sentirme libre e inmensamente agradecida.

Aprecio cuando puedo sentir y leer con claridad el suceder de la vida sin que la mente me distraiga con sus espejismos.

Aprecio hoy la sensibilidad para percibir tanto, porque esto ya no lo vivo como un dilema, y no me genera contradicción, ni colapso, ni ansiedad.

Aprecio esos momentos en que mi cuerpo, ajeno a las expectativas, recompensas y reconocimientos de este mundo, se desplaza con sencillez, consagrado a su emanación, permitiendo que el amor que soy se manifieste en cada movimiento, en cada gesto, en cada una de mis expresiones.

Aprecio los momentos en que me desconecto y sin resentirme, criticarme, justificarme o arrepentirme, vuelvo a mí, humilde y ligera, dispuesta a dar el siguiente paso.

Aprecio cuando los límites se desvanecen y vivo la Unidad con todo lo que soy y somos todos. Esos momentos sagrados donde sólo el Amor es y puedo reconocerme rendida a su Presencia en una expansión sin límites.

 

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Responses (2)

  1. Inma Lorente
    Julio 15, 2017 at 3:37 pm · Responder

    Qué gran artículo sobre la apreciación. No hay muchos lugares en el mundo donde se nos anime a apreciarnos, ni muchas personas que lo hagan abiertamente ya que este hecho ha sido juzgado demasiadas veces en nuestra sociedad, visto como algo egoista y egocéntrico. En verdad, lejos de la malinterpretación de la palabra, la auto-apreciación es una práctica que puede beneficiarnos a todos los niveles, tanto mental como físico. Nos lleva de regreso a nuestro corazón por el camino más directo y nos hace ver lo maravilloso que es vivir como si cada día fuera el primero.
    Gracias Victoria por tu valentía en mostrarte y apreciarte como lo haces, me invitas e inspiras a apreciarme simplemente por ser la mujer que soy, a apreciar la vida como el regalo que es.

  2. Inma Lorente
    Julio 15, 2017 at 3:38 pm · Responder

    “Aprecio los momentos en que me desconecto y sin resentirme, criticarme, justificarme o arrepentirme, vuelvo a mí, humilde y ligera, dispuesta a dar el siguiente paso.” Me encanta esta manera de abordar los errores, mucho más saludable y ligera que la que aprendí siendo niña. Es todo un ejemplo acerca de como una vez dejamos ir el orgullo y nos abrimos, iniciamos nuestro curso en la verdadera escuela de la vida, la cual nos presenta cada día una nueva lección que aprender. Entonces ser conscientes de un momento de desconexión se convierte en un regalo, algo que merece ser apreciado en profundidad también.

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